Que mejor manera de daros la bienvenida a este nuevo "rinconcito" cofrade que con unas palabras con sabor a Viernes Santo. Casi ni me cuesta recordar exactamente como viví ese primer e inolvidable año bajo nuestra señora de la Soledad. Mucho nerviosismo, tantas y tantas sensaciones nuevas que no sabría como describirlas con palabras. Aunque no lo creáis de un solo año tengo miles de recuerdos y por suerte todos son bonitos, pero con lo que siempre me quedo es con los corazones tan increíbles que he conocido tanto debajo como alrededor de nuestra titular.
"Viernes santo, a pocas horas de tan ansiado momento, sin quererlo camino cabizbaja, me siento tan nerviosa que casi no soy capaz de cruzar la mirada con mis compañer@s, y todo una vez más por el tiempo...la lluvia...la duda. Tenemos que esperar, no queda otra, pero que tan larga se hace la espera en aquel lugar, donde solo estamos nosotras junto con nuestros pensamientos, ilusiones, promesas... Puedo ver a mi alrededor gente preparándose la ropa, otras contandose anécdotas vividas días atrás, otras pensativas en algún rincón de aquel lugar con lágrimas en los ojos que sin quererlo me crea la necesidad de acercarme y abrazarlas pero que por respeto o temor no soy capaz de hacer. En medio de todo aquel bullicio de gente es difícil pensar, concentrarme en lo que deseo que en unos minutos ocurra, necesito la voz del capataz gritar que "si salimos", pero cada vez me cuesta más convencerme que es posible que así no sea, ni siquiera soy capaz de asomarme a la puerta...que cobarde. Cerca de mi tengo a personas muy importantes en mi vida, que me llenan dentro pero también fuera, y eso es lo valioso que no solo somos compañeras de palo un día al año, si no que el resto somos mucho más que amigas...hermanas. Cada vez me cuesta más aguantar las lágrimas, y pienso que llorona soy...pero ¿es que se puede uno aguantar las lágrimas viendo lo que me rodea y recordando el motivo por el que espero con tanto nerviosismo? No se que pensaréis pero quien me conozca un poquito sabrá cual es la respuesta.
Me parecía increíble, estar aquí delante de ella, de su paso adornado por flores, sus faldones colocados con dulzura y sus velas encendidas con tanto sentimiento. Tengo tantas ganas...
Fue una bendición rozar esa trabajadera, un orgullo trabajar con esas compañeras y una suerte que nuestros pasos fueran guiados con tanta fé ... "
Quizá se acabe un año, pero detrás de ese viene otro, con nuevos momentos, nuevos sentimientos y como no una nueva ilusión, gracias porque hoy lo siento así y de eso tod@s tenéis mucha culpa.
Gracias por darme la oportunidad de ser parte de esta familia.
Firmado:
Una orgullosa costalera de nuestra señora de la Soledad.
Tania